Catalanes nazis

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Hace un tiempo leí que en España existen 202 leyes que obligan a etiquetar en castellano y con las que se pusieron un total de 114 multas (en el período 2009-2011), en comparación con las 0 multas por no etiquetar en catalán. Después de una larga deliberación, la conclusión me parecía obvia: los catalanes somos nazis.

Más tarde recordé el día en que tres diputados catalanes tuvieron la osadía de expresarse en su propio idioma en el Congreso de los Diputados y fueron expulsados por ello. Y es que resulta que el catalán, así como el resto de idiomas de España que no son el español, tiene VETADO su uso en las comparecencias en el Congreso, donde sólo se puede utilizar el castellano. Después lo comparé con el Parlament de Catalunya, donde no existe prohibición alguna en el mismo aspecto (ver reglamento) y donde, por tanto, los comparecientes pueden expresarse en cualquier lengua, sea o no oficial (en otras palabras, un diputado podría dar un discurso íntegramente en suajili si así lo quisiera, por ejemplo). Nuevamente la conclusión no podía ser otra: los catalanes somos nazis.

Un poco de investigación me permitió comprobar cuál era la actitud del gobierno catalán hacia una de sus lenguas autóctonas: el aranés (variante del occitano). Pues bien, en Catalunya se respeta y se lucha por la protección de esta última hasta el punto de hacerla oficial en TODO el territorio catalán. Esta actitud contrasta con la del Estado español, que no sólo ha vetado continuamente cualquier propuesta de oficialidad del catalán (y del euskera, gallego, etc.) en Europa (ejemplo 1ejemplo 2ejemplo 3), sino que también pone trabas a la promoción de dichos idiomas dentro de su propio territorio, incluso allí donde es autóctono (ejemplo 1ejemplo 2ejemplo 3ejemplo 4ejemplo 5). Por supuesto, la conclusión sólo puede ser una: los catalanes somos nazis.

Ayer me enteré de que el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes español pondrá a disposición de los usuarios de las bibliotecas públicas 200.000 licencias de libros electrónicos. Comprobé con estupor que absolutamente TODAS estas licencias serán para libros en castellano y ni una sola será en catalán o cualquier otra de las lenguas de España. De nuevo, me fue inevitable comparar esta actitud del gobierno español con la de los principales partidos políticos catalanes han expresado públicamente su apuesta por el respeto y aceptación de la realidad multilingüe de la sociedad catalana (en la que se hablan más de un centenar de lenguas diferentes) como parte de su riqueza cultural. Buena prueba de ello es que dirigentes de los partidos favorables a la independencia de Catalunya también están defendiendo la oficialidad del español en un hipotético estado independiente (ejemplo 1ejemplo 2ejemplo 3), y no hace mucho la Generalitat de Catalunya otorgó el Premi Nacional de Cultura a Eduardo Mendoza, escritor y traductor en lengua castellana. De nuevo la conclusión no podía estar más clara: los catalanes somos nazis.

Veo también que en estos últimos meses, una clara mayoría de diputados del Parlament partidarios del derecho a decidir están trabajando por la realización de una consulta que permita determinar si los catalanes desean o no realmente la independencia. No hay que olvidar que esta consulta o referendo incluye también la opción del NO a la independencia, por lo que estos diputados aceptan implícita y democráticamente la posibilidad de dicho resultado. La mayoría de representantes españoles han expresado reiteradamente su oposición ya no sólo a la independencia sino a la propia consulta, hasta el punto de amenazar con prohibirla, imponiendo de facto una de sus opciones (el NO). Pero, por supuesto, terminé llegando a la misma conclusión: los catalanes somos nazis.

Después de un repaso a la hemeroteca, encontré varias noticias de declaraciones de personalidades, catalanas y españolas, que en su momento causaron cierta polémica por expresar sus opiniones en un sentido u otro. Al revisar dichas noticias con la perspectiva del tiempo me di cuenta de hasta qué punto los malentendidos, la hipersensibilidad y, por desgracia, la falta de respeto (desde ambos lados) suelen ser el origen de dichas polémicas. Entonces me centré únicamente en las declaraciones y reacciones de los representantes políticos, judiciales, sindicales, etc., que a fin de cuentas son los que están al servicio de la sociedad y, por tanto, hablan en nombre de sus representados, lo quieran o no. Estos representantes están obligados, como es lógico y comprensible, a medir constantemente sus palabras. Fue entonces cuando me di cuenta de que la lista de personalidades, muchas de ellas con cargos oficiales, e instituciones que insultan o descalifican de forma abierta y descarada a los catalanes –descalificaciones que con mucha frecuencia incluyen a TODOS los catalanes, también a los NO independentistas- no para de crecer (ejemplo 1, ejemplo 2ejemplo 3ejemplo 4ejemplo 5). Pero la conclusión sigue siendo la misma: los catalanes somos nazis.

El gobierno español amenaza sutilmente (o a veces ni eso) con boicotear a una hipotética Catalunya independiente (ejemplo 1, ejemplo 2ejemplo 3), “olvidando” el hecho de que dicha amenaza va destinada, lo quieran o no, a 7 millones de sus actuales conciudadanos, incuyendo a una buena parte de ellos (así, por lo pronto, calculo que de algunos millones) que votarían NO a dicha independencia. Conclusión: los catalanes somos nazis.

Tras todos estos ejemplos no puedo más que rendirme a la evidencia y aceptarla: LOS CATALANES SOMOS NAZIS

No-nacionalismo y reductio ad Hitlerum

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En los últimos meses hemos estado asistiendo a un aumento, en frecuencia y en intensidad, de las comparaciones entre el nacionalismo o el independentismo catalanes y el nazismo. Una analogía cuyo simple uso significaría, en cualquier sociedad moderna y avanzada, el descrédito y la condena automática hacia su autor y la finalización inmediata del debate, según la Ley de Godwin. Estos ejemplos de reductio ad Hitlerum, junto al ya clásico español reductio ad etam, no son desgraciadamente hechos aislados ni sorprendentes, pues parece ser que existe desde hace tiempo un sector de la población que, por algún motivo que desconozco, no se debe considerar parte de esta sociedad avanzada y opta por seguir participando activamente en este despropósito a base de vomitar bazofia de este estilo.

Estas comparaciones forman parte en realidad de un discurso más amplio que incluye todo tipo de descalificaciones, amenazas, mensajes apocalípticos, etc. Lo cierto es que dicho discurso ha existido y existirá siempre, y debemos aprender a convivir con él, a rebatirlo o a ignorarlo. Es el efecto colateral de la democracia y la libertad de expresión, pues es imposible y no recomendable -aparte de antidemocrático y liberticida- tratar de controlar y censurar qué dice cada uno de los millones de individuos de una sociedad. Pero lo que sí es triste, grave y preocupante -y no debería ser permitido bajo ningún concepto- es que este discurso venga de diputados, políticos, partidos políticos, representantes sindicales, fiscales, jueces, militares, periodistas, redactores, etc. Porque cuando miembros de todos y cada uno de los pilares que sustentan un sistema democrático sucumben a estas argumentaciones de baja intelectualidad, es señal de que dicha democracia está enferma. Y cuando los propios elementos de control y contrapoder de los que dispone el sistema no hacen nada para evitarlo, es que se trata de una enfermedad ya crónica e irremediable y, por tanto, lo mejor es desvincularse de ella.

Comparación entre un acto independentista y uno del partido nazi perpetrada por el Partido Popular de Altafulla

Siempre habrá alguien que me dirá que esto pronto será el pasado y que actualmente nos encontramos en medio de un proceso de regeneración democrática y política. Sí, ya saben, la entrada de nuevos partidos políticos “que no son de izquierdas ni de derechas” y “amantes de la libertad y la democracia” y que se autodenominan “no nacionalistas”. Sí, sí, esos, los representantes de la “sociedad moderna y avanzada” que he mencionado más arriba, vamos. ¿Sí? ¿Seguro? Pues va a ser que no. Sólo hay que pasearse un rato por la hemeroteca y buscar publicaciones de los diputados de C’s (Albert Rivera, Jordi Cañas -usuario habitual de términos como ‘nazionalista’ o ‘kukluxcat’-, etc.) o de sus análogos españoles (como el bufón Toni Cantó), para ver cuál es el eje central de su discurso. ¡Oh, sorpresa! ¡Pero si estos regeneradores representantes de la modernidad resulta que están en los que con más frecuencia e intensidad nos llaman nazis, terroristas y fascistas!

Pero… ¿qué ha sucedido para que estos autoconvencidos abanderados del no-nacionalismo moderno y regenerador hayan sido abducidos por el clásico discurso nacionalista español más rancio y hayan sucumbido a estos pseudoargumentos que en Alemania, por ejemplo, serían denunciables? Mi opinión es que se han quedado estancados en el primer nivel del juego de la intelectualidad y no han llegado ni al punto de preguntarse por las definiciones de nacionalismo, de identidad nacional o incluso de nación misma. Para un no-nacionalista, las cosas son así y punto. Y cuando alguien ni siquiera se hace la pregunta, difícilmente tendrá la oportunidad de profundizar en la respuesta. Dudo mucho que sepan bajo qué criterio se puede considerar a una persona nacionalista y a otra no, en el supuesto que exista una línea que los separe (que en mi opinión, no la hay). Eso sí, que no lo sepan no impide que ellos mismos no se hayan creado su propio criterio: “todo aquel que no se identifique con la misma bandera que yo es nacionalista”. Obviando que el mero hecho de darle un significado -“bueno” o “malo”- a una bandera ya es una forma de imponer una identidad nacional e inherentemente un principio de nacionalismo.

“Todo aquel que no se identifique con la misma bandera que yo es nacionalista”

Yo mismo siempre me he considerado no-nacionalista, de la misma manera que me considero no-socialista, no-comunista, no-liberal, no-conservador, etc., en el sentido en que no comparto muchos aspectos del nacionalismo, socialismo, comunismo, liberalismo o conservadorismo, respectivamente. Pero esto no quiere decir que sea un ingenuo, y por eso doy por hecho que en el fondo sí soy en parte nacionalista, como también podría ser en parte socialista, comunista, liberal, conservador, etc. Aunque, sinceramente, me importa un pimiento que se me considere una cosa o la otra. No me apetece perder ni un segundo de mi tiempo en justificar algo que sabe cualquier persona con sentido común.

En este artículo que escribí hace unos meses explico por qué estoy a favor de la independencia de Catalunya, y en este otro explico por qué estoy a favor de la inmersión lingüística, y ello no me convierte en un nacionalista, como tampoco me convertiría en un no-nacionalista el no hacerlo. ¿Acaso soy nacionalista únicamente porque tengo una identidad nacional catalana? ¿Sí? Pues perfecto, lo soy. Pero entonces, también debería ser considerado nacionalista español porque soy seguidor de la Roja, ¿no?. ¿Debería también serlo Albert Rivera cuando publica sus fotos y comentarios cuando esta juega? ¿Será también nacionalista un brasileño que vive en Barcelona y tiene una bandera brasileña en su habitación? En resumen, ¿será nacionalista todo aquel que tenga una identidad nacional o se identifique con una bandera? Pues resulta que según estos iluminados no-nacionalistas, la respuesta a la primera pregunta debería ser sí y a las siguientes, no. Este razonamiento se puede explicar con una única palabra: estupidez.

Pero es que la batería de contradicciones e incoherencias no acaba ahí. La lista de lo que yo denomino “paradojas no-nacionalistas” es infinita:

  • Alardear de que las personas están por encima de los territorios para luego oponerse a consultar a estas mismas personas en referéndum
  • Llenarse la boca con que los partidarios a la independencia son minoría y no dejar que se lleve a cabo un referéndum para comprobarlo
  • Sentenciar que una consulta rompe la convivencia y a la vez defender que la imposición de facto del ‘NO’ no la rompe
  • Visitar el consulado de USA el 4 de julio para felicitarlos por su “Día de la Independencia” y a la vez afirmar que las declaraciones de independencia son ilegales (deben suponer que Thomas Jefferson firmaba en realidad las notas de su hijo o algo así. Si no, no se entiende)
  • Acusar a los independentistas de etiquetar a “buenos” y “malos” mientras van llamándolos nazis, terroristas o fascistas
  • Criminalizar la presencia multitudinaria de banderas en balcones, eventos deportivos, culturales, etc. y luego decir lo contrario cuando las banderas son españolas (ver figura más abajo)
  • Levantar cielo y tierra por la supuesta imposición del catalán y no decir ni una sola palabra por la del castellano (el día que se enteren de que entre 2009 y 2011 hubo 202 leyes que obligaban a etiquetar en castellano y se pusieron un total de 114 multas en comparación con las 0 multas por no etiquetar en catalán, les explotará el cerebro)
  • Criticar el gasto de Catalunya en política exterior cuando esta se encuentra en el puesto número 14 en el ránquing de gasto por habitante en este apartado (en otras palabras, de las 17 autonomías, existen 13 que gastan más que Catalunya) y representa un 54% menos que la media española. (Un dato: todas las ’embajadas’ catalanas juntas cuestan 10 veces menos que el Instituto Cervantes y la RAE)
  • Criticar unas hipotéticas subvenciones a Òmnium Cultural, entidad que des hace años renuncia a recibir subvenciones, y no decir nada de los 3,3 millones de euros anuales que recibe la fundación FAES, presidida por Don José María Alfredo Aznar López.
  • Etc.

En fin, me pasaría horas y horas listando paradojas. Si queréis más, sólo hay que buscar “no nacionalista” en Twitter, por ejemplo, y tendréis diversión para rato.

Ejemplo de incoherencia del no-nacionalismo

Y es que, recordad, todo el mundo es no-nacionalista respecto a la bandera que no es suya.

Mis 10 motivos para el SÍ

Hola, me llamo Jordi, soy “charnego”* (familia catalana y andaluza) y estoy a favor de la independencia de Catalunya.

Soy bilingüe de nacimiento, y hablo y pienso de forma nativa e indistinta en español y en catalán. En mis relaciones familiares, sociales y profesionales hago uso de ambas lenguas aproximadamente a partes iguales. He tenido la gran suerte de haber vivido, a lo largo de mi vida, en diferentes partes de la geografía catalana (La Verneda, el Maresme, La Selva, Girona, la Garrotxa…), y de haber crecido y convivido con realidades socioculturales, lingüísticas y políticas muy distintas entre sí. Este hecho me ha ofrecido la oportunidad de enriquecerme de la diversidad de la población catalana y comprender (ya sea compartiéndolos o no) puntos de vista muy distintos.

Siempre me he considerado cercano al catalanismo como forma de manifestación cultural, social e identitaria (y también, por supuesto, inevitablemente política), como también me he identificado con frecuencia con tesis y situaciones que a veces suelen calificarse de españolistas, aunque es cierto que sólo ha sido cuando estas han representado y defendido la para mí indiscutible realidad de una España plurinacional, pluricultural y multilingüe. He estado siempre en contra de todo tipo de nacionalismo cuando este se convierte en tesis política principal, y en ocasiones única, y roza el fundamentalismo (es cierto que esta reflexión podría ser ampliable al liberalismo, socialismo, comunismo, progresismo, conservadurismo, etc., y en general a cualquier palabra acabada en –ismo, pero debatir sobre este tema va más allá del objetivo de este texto).

Si me hubieran preguntado hace unos años cuál era mi opinión política respecto al encaje de Catalunya en España y en Europa, mi respuesta habría sido una clara apuesta por el federalismo o, para ser más precisos, el confederalismo (una “nación de naciones”) como única solución posible. Esto no implica que no estuviera cerrado a cualquier opción secesionista, siempre que esta se planteara de forma constructiva (como afortunadamente sí está sucediendo en la actualidad). Pero mi naturaleza pragmática hacía que en esos momentos pesase más el hecho de que no se trataba (o eso creo) de una opción mayoritaria entre la población y, por tanto, carecía de la legitimidad democrática necesaria.

Evolución de la opinión pública respecto al encaje de Catalunya en España

Evolución de la opinión pública respecto al encaje de Catalunya en España (en verde, los partidarios de un estado independiente)

El tiempo me ha demostrado que esta España confederal en la que podría encajar Catalunya es imposible. La deriva nacionalista, uniformizadora y recentralizadora del gobierno español y su negativa a cualquier tipo negociación que pueda calmar, aunque sea en parte, esta sed (léase, por ejemplo, “pacto fiscal”). La ineptitud, falta de sensibilidad y poco interés, convertidos en tomadura de pelo, de los gobiernos anteriores. El ultranacionalismo de otros partidos, ahora en la oposición pero en tendencia creciente. La instalación casi obligada del discurso del odio anticatalanista como método populista para la obtención de votos. La injerencia, a nivel de todos los estamentos, en cualquier iniciativa catalana que no concuerde con las tesis monolíticas de un nacionalismo español inmovilista que, cabe destacar, siempre ha sido minoritario en Catalunya. Todo esto dinamita cualquier esperanza de que se produzca una reforma de un sistema político hermético, rígido e ineficaz, que además lleva consigo una corrupción e ineptitud que son crónicas.

No hay que ser muy perspicaz para llegar a la conclusión de que, tras analizar este panorama, las opciones de encaje quedan reducidas de facto a únicamente dos posibilidades: mantener el status quo actual o convertirse en un estado independiente. Esta “nueva” situación nos ha obligado a todos los catalanes a posicionarse en una de las dos.

Todas las opciones son totalmente respetables y con toda seguridad ambas tendrán sus respectivas ventajas e inconvenientes. Y los motivos individuales para la elección de una u otra también son muy heterogéneos y personales. A continuación expongo los 10 motivos por los que YO he optado por dar mi apoyo inequívoco a la reclamación de la independencia para Catalunya, siempre entendiendo -por supuesto- que esta sea refrendada por la mayoría de los catalanes:

  1. Porque el apoyo a esta reclamación ha crecido, y sigue creciendo, de forma considerable en los últimos años (la figura de arriba lo demuestra) hasta convertirse en la opción mayoritaria. Y en estos momentos no veo ningún atisbo de que su apoyo vaya a retroceder. (EDIT: Este simple motivo le da la legitimidad democrática necesaria sin la cual quizás seguiría mostrándome reticente)
  2. Porque la independencia se conseguiría mediante un proceso democrático y pacífico, y siempre siguiendo la voluntad mayoritaria de un pueblo manifestada a través de un referéndum. Una consulta que, no olvidemos, ningún gobierno ni partido político de ámbito estatal ha mostrado nunca voluntad de hacer, situación que contrasta radicalmente con la de otros estados serios como Canadá o el Reino Unido, que sí lo han hecho. Más bien todo lo contrario. La respuesta española, a nivel político, social e incluso militar, cada vez me demuestra más que seguramente no nos estemos equivocando con esta decisión tomada.
  3. Porque creo firmemente que la independencia no sólo sí es viable económicamente sino que puede ser muy beneficiosa para los catalanes a medio y largo plazo. Catalunya se podría convertir en el 6º estado de la UE en PIB per cápita (casi el mismo que Suecia) y en una de las economías más saneadas. Vale la pena leerse algunos artículos como este o este, o vídeos como este de Sala i Martín donde se explican los beneficios económicos de que Catalunya sea un estado independiente. Por supuesto, no soy tan ingenuo para no analizar todos los matices. También hay economistas serios que no lo ven tan claro (por ejemplo, Gay de Liébana), y los tengo muy en cuenta. Pero casi la totalidad de las dudas se refieren más a los riesgos del proceso a corto plazo (a los que me referiré en el punto 4), y no tanto de los indiscutibles beneficios a medio y largo. En esto último prácticamente hay unanimidad.
  4. Porque, a pesar de que no soy tan ingenuo como para pensar que el proceso no conlleva ningún riesgo económico a corto plazo, creo que estos peligros sólo se producirían en el caso de beligerancia por parte del gobierno y/o la sociedad española. Y si este fuera el caso, entonces mis motivaciones hacia la separación sería aún más grandes y sólidas.
  5. Porque no he leído ni una sola declaración ni texto constructivo que me explique y detalle cuáles son las ventajas económicas y, sobre todo, políticas de seguir formando parte de España. Todo lo contrario, es numerosa la lista de declaraciones y artículos que apelan a la estrategia del miedo basándose en supuestos casos hipotéticos que dan por ciertos, usando cifras manipuladas o a veces incluso con mentiras descaradas. Comenzando por el hecho de que Catalunya estaría fuera de la UE, hecho desmentido por la propia vicepresidenta de la Comisión Europea y pasando por argumentos absurdos e infantiles del tipo “¿y en qué liga jugaría el Barça?“. En este enlace, en este otroy en este en este se desmontan estos argumentos basados, como ya he dicho, en la estrategia del miedo tan tristemente utilizada.
  6. Porque creo que la independencia también será beneficiosa a nivel social. En primer lugar, porque liberará a Catalunya del peso del nacionalismo español con poder político. En segundo lugar, también se reducirá drásticamente la fuerza política del nacionalismo catalán pues este ya no tendrá sentido como tesis política principal más allá de algunas exaltaciones ocasionales y de algunos sectores (hecho por desgracia habitual en cualquier país del mundo, casi sin excepción). El eje identitario que en la actualidad domina mayoritariamente la política catalana pasará a un segundo plano. Los partidos revelarán su verdadera posición en los ejes social y económico, y estarán obligados a mostrar y detallar sus programas al respecto, lejos de la ambigüedad y el escudo del que han dispuesto durante estos años (no hace falta citar ningún partido en concreto, porque es extensible a todos, casi sin excepción). No soy tan iluso como para pensar que el debate nacionalista (de ambos colores) desaparecerá del todo, pero sí que cada vez tendrá menos peso.
  7. Porque dotaría a una de mis dos lenguas (la catalana), y en general a toda la cultura catalana, del instrumento necesario para su protección y proyección internacional, mientras que mis otras lengua y cultura (las españolas) no se verían afectadas. En el caso de la lengua española, seguirá siendo el tercer idioma más hablado del mundo (el segundo si se consideran únicamente las lenguas nativas) y seguirá siendo oficial en 22 estados (uno más que en la actualidad, pues habría que sumarle el futuro estado catalán, en el que también tendría carácter oficial).
  8. Porque los supuestos posibles peligros sociales de la independencia (básicamente el “miedo” a la fractura o división interna en la sociedad catalana) no son más que resultado de la misma estrategia del miedo utilizada para los argumentos económicos. Si es verdad que existe esa supuesta tal división la tendríamos igual ahora que con un estado independiente. El español y la herencia cultural española (que son parte de mi cultura también) seguirá estando presente en la vida social y económica catalana. El español se seguirá enseñando en la escuela, seguirá siendo una lengua entendida y hablada por todos los catalanes y se seguirá usando en muchos ámbitos de la sociedad (¿realmente alguien se cree que una sociedad esté dispuesta, por ejemplo, a renunciar voluntariamente a  dominar el segundo o tercer idioma más hablado del mundo, cuando este ya es lengua nativa de la mayoría de su población y además sería la lengua oficial del vecino más próximo? Es de risa, vamos). También seguiremos teniendo acceso a los mismos canales de TV, a los mismos medios de comunicación, a Internet, etc. Yo seguiré hablando en español con las mismas personas con las que lo hago ahora. No por el hecho de un cambio en el mapa político va a cambiar nada en este sentido.
  9. Porque dispondríamos de la oportunidad de crear casi desde cero un sistema político más acorde con el mundo del siglo XXI y aplicarlo en un nuevo estado que, al tener una población del tamaño de Dinamarca o Finlandia, sería mucho más flexible y adaptable.
  10. Porque no conozco ni un sólo caso de un estado europeo independiente creado en los últimos siglos que haya querido deshacer el proceso y reanexionarse a otro. Algún beneficio, digo yo, tendrá el ser independiente para que nadie quiera volver atrás en el proceso, ¿no?

Estos son mis 10 motivos. Por supuesto cada uno tendrá los suyos tanto para el sí como para el no. Todos son igual de válidos, y respetables siempre que se expongan desde el respeto y la comprensión. Pero sean los que sean, por favor, ¡seamos constructivos y miremos al futuro con optimismo!

Jordi Bonastre Muñoz

*NOTA: Está habiendo una cierta polémica sobre mi uso deliberado del término “charnego” o “xarnego” para referirse a los que tenemos origen mixto, es decir, ascendientes catalanes y no catalanes (ver diccionario). Soy consciente de que originalmente es un término que se utilizaba para referirse a franceses y de que durante un tiempo hubo quien lo usaba de forma despectiva hacia cualquier inmigrante de una región española de habla no catalana. Pero también soy de la opinión de que los términos pueden ser despectivos o no en función del contexto y del uso que se les haga, y no veo que este sea el caso (entre otros motivos, porque me estaría insultando a mí mismo). De todas formas, pido disculpas por adelantado si alguien se siente ofendido.

15M i 11S

15 de maig de 2011 i 11 de setembre de 2012. Prop d’un any i mig separen aquestes dates que personalment considero com dos punts d’inflexió en la vida política i social. Molts hi veuran diferències abismals, d’altres hi veuran moltes similituds. Jo m’incloc entre els que hi veu una mica de totes dues coses. Penso que és absurd buscar un paral·lelisme total perquè són moviments amb orígens i motivacions diferents. Però alhora també considero injust contraposar-los com a moviments oposats i incompatibles, perquè també tenen uns quants punts en comú. Sí, l’un està centrat en l’eix social i l’altre en l’eix més nacional, però és que són precisament els dos eixos en què sempre s’ha mogut la societat catalana i que mai han estat excloents entre ells. Tampoc té gaire sentit comparar-los quantitativament perquè un va ser d’origen estatal i repartit per diferents ciutats, i l’altre ha estat a nivell català i concentrat a Barcelona ciutat.

No he amagat mai (o això crec) la meva simpatia i apropament a tots dos esdeveniments com tampoc m’he amagat mai de distanciar-me d’alguns dels seus aspectes. Per exemple, no comparteixo el caràcter anticapitalista (o en alguns casos, el caràcter antitot) d’una part dels moviments sorgits després del 15-M, com tampoc l’antiespanyolisme visceral d’una part de l’independentisme.

11 setembre 2012

Però per a mi tots dos esdeveniments han estat transversals (sí, aquesta paraula està de moda i potser se n’abusa massa d’ella, però ara mateix és la que veig més adient) i d’espectre ampli (si fos el contrari no haurien estat tan multitudinàries). I això fa que precisament hi hagi comptabilitats i incompatibilitats alhora. I a més aquestes no tenen perquè ser les mateixes per a tothom.

I parlant de transversalitat, és en aquest punt podran sorgir les primeres discrepàncies. Molts asseguraran que les manifestacions del 15-M o la del 11-S, o totes dues, no poden ser definides com a transversals.

En el primer cas, el 15-M, et podran dir que si no ets anticapitalista i no vas a totes les protestes contra les retallades, els desnonaments, els rescats bancaris, etc. és que manifestacions és que en realitat no formes part del 15-M, cosa que veig absurda. Aquí hi hauria responsabilitat compartida entre molts dels que s’han autoproclamat portaveus de les protestes, entre estaments polítics que de forma conscient o inconscient han ajudat a aquesta deriva, i entre mitjans de comunicació que, també de forma conscient o inconscient, no n’han aprofundit prou. I per últim, però no menys important, la ciutadania en general per la seva manca d’esperit crític (o en alguns casos el seu excés).

A títol personal assumeixo la meva petita part de responsabilitat per no haver sabut expressar suficientment la meva preocupació pel desmantellament de l’Estat del Benestar, l’augment de les desigualtats socials, els descontent i el populisme, el col·lapse d’un sistema polític hermètic, opac i allunyat de la població, la impunitat dels casos cada cop més estesos d’incompetència i corrupció, etc. Per denunciar tot això no cal recórrer als tòpics de culpar dels mals del món (o a vegades del contrari, d’idolatrar) a qualsevol paraula acabada en –isme. Però alhora no podem quedar-nos de braços plegats mentre els responsables de torn se’n renten les mans.

Per l’altra banda, altres podrien dir que la manifestació de l’11-S no pot ser considerada transversal perquè ha estat majoritàriament independentista. Doncs precisament crec que l’independentisme per ell mateix és transversal per definició. És la resposta a una pregunta, a si volem que Catalunya sigui un estat propi. N’hi haurà que diran que sí per raons nacionals, culturals, econòmiques, socials, per emprenyament, per pragmatisme, per comoditat, per totes elles, etc. Com també n’hi haurà que diran que no pels mateixos motius o per altres. Personalment les meves motivacions per al sí són alliberar-me d’un aparell estatal homogeneïtzador, espoliador, autoritari i intolerant que ha viscut sempre d’esquenes a una realitat plurinacional i una diversitat cultural, tenir l’oportunitat de crear des de zero un sistema social i polític del segle XXI, i assolir la normalitat cultural i lingüística sense haver de demanar disculpes a algú que viu a centenars de quilòmetres de distància. No tinc cap problema a reconèixer que també tinc motivacions cap al no, tot i que en aquests moments queden clarament en minoria. Però independentment de les motivacions cap al sí o cap al no de cadascú, per a mi el dret a l’autodeterminació i l’acceptació dels seu resultat -sigui quin sigui- és inqüestionable. I no cal que digui qui són els que s’oposen a qualsevol tipus de consulta.

Per a mi el 15-M i el 11-S són dues respostes a una part de les meves inquietuds socials i polítiques. No sóc tan ingenu com per a pensar que són la solució utòpica a tots els problemes. Hi hagi o no hi hagi reforma política i social, hi hagi o no hi hagi independència, seguiré tenint problemes quotidians, seguiré tenint governs intervencionistes, liberals, de dretes, d’esquerres, etc. bons i dolents. Seguiré cohabitant amb el populisme, la xenofòbia, la intolerància, l’egoisme i la falta de respecte. Però també seguiré convivint i confiant en la bondat, humanitat, sentit comú i bona fe de la majoria de gent, i les seves ganes de no renunciar a treballar -amb més o menys encert-, per un futur millor, o com a mínim pel que jo crec que és més just. I aquestes dues dates són exemples d’això.

Matemàtica electoral

Aquests dies he col·laborat amb el portal de notícies Intocable Digital amb un article sobre les previsions d’escons a Catalunya per a les properes eleccions (20-M), analitzades des del punt de vista de les matemàtiques i l’estadística, i sempre basant-me en que no hi haurà sorpreses majúscules.

Aquests són els enllaços (està dividit en tres parts degut a la seva longitud):

Per si no us funcionen els enllaços, us transcric l’article a continuació, amb alguna petita modificació que he fet a posteriori. No cal que us digui que qualsevol comentari serà benvingut, perquè segur que m’he deixat coses que no he vist.

Introducció

Les eleccions són a tocar i les inevitables enquestes preelectorals comencen a sortir com bolets. A mesura que s’apropa la data màgica, la freqüència d’aparició va augmentant. I cada publicació nova és aliment per a articulistes, tertulians, blocaires i similars, que fan les seves pròpies interpretacions. La majoria d’anàlisis es solen centrar en quins partits pugen i quins baixen, en quin partit guanyarà les eleccions a Catalunya, si hi haurà o no majoria absoluta al Congrés, etc., i en els escenaris postelectorals que se’n deriven de cadascuna de les possibilitats.

En la majoria de casos les anàlisis es fan sobre els nombres d’escons i no sobre el nombre de vots. Tanmateix, quan es fa una anàlisi d’aquest tipus, cal anar amb molta cura i no precipitar-se. A l’igual que en un partit de futbol un gol a l’últim minut pot portar-te a la glòria o a l’infern i fer-te oblidar tot el que ha succeït durant el partit, també la perversió de la matemàtica del sistema electoral pot jugar males o bones passades i regalar-te o robar-te escons per molt poca diferència de vots. No cal submergir-se gaire en les hemeroteques per trobar-nos uns quants exemples (sense anar més lluny, a les últimes municipals van ser sonats els balls dels últims regidors a Girona -entre CUP i ERC- i a Barcelona -entre CiU i PP-).

En el cas de les eleccions al Congrés dels Diputats, el fet de tenir 52 circumscripcions electorals i que la major part d’elles comptin amb un nombre petit d’escons produeix un efecte ben peculiar en el repartiment final de diputats entre les llistes. En concret, es tracta d’un sistema que en general beneficia als dos partits guanyadors i perjudica el tercer partit de cada circumscripció. En els casos en què el nombre d’escons és baix i el bipartidisme està molt assentat, és a dir, a la majoria de les províncies espanyoles, el resultat pràcticament es pot predir ja molt abans de les eleccions, amb poc marge de moviment. Deixaré de banda, però, l’anàlisi a nivell estatal (que requeriria bastant més espai que el d’aquest article) i em centraré únicament a Catalunya. Faré una anàlisi de cadascuna de les quatre circumscripcions catalanes intentant fer una previsió de possibles resultats electorals.

Lleida

Comencem per Lleida. Es tracta de la circumscripció catalana amb menys diputats (4) i a priori la de més fàcil previsió. Segons el mètode D’Hondt (el sistema que s’utilitza per repartir els escons d’una circumscripció a les eleccions generals), un repartiment de 4 escons sobre unes previsions de 3 partits relativament igualats gairebé sempre donarà un escenari 2-1-1, amb 2 escons per a la llista més votada i 1 escó per a la segona i per a la tercera. L’any 2008 el resultat va ser PSC 2, CiU 1 i PP 1.

Tot i la tendència alcista de PP, que li permet assegurar-se la tercera posició i podria optar al segon lloc, és molt poc probable que arribi a ocupar la primera posició. Per tant, l’única incògnita sembla que serà si CiU es posarà primera i li esgarraparà un dels dos diputats al PSC.

L’entrada d’una quarta llista amb representació, és a dir, un escenari 1-1-1-1, seria possible si aquesta quarta opció (sobre el paper, ERC) no acaba massa lluny percentualment de la primera (PSC o CiU). De totes maneres, tot i que és una situació tècnicament factible, la meva opinió és que és poc probable.

Tarragona

A Tarragona, els diputats a repartir són 6. Això deixa una mica més de marge de possibilitats que a Lleida. L’any 2008, el resultat va ser PSC 4, CiU 1 i PP 1. Aquesta desigualtat en el resultat es deu sobretot al 45% de vots que va aconseguir el PSC (assegurant-li 3 escons), i al fet que la segona i tercera llistes (CiU i PP) es quedessin significativament lluny (això li va assegurar el quart diputat al PSC).

De cara al 20-N, l’escenari més probable seria un 3-2-1 o un 2-2-2, en funció de com de gran sigui la davallada del PSC. Si la davallada és moderada, conservaria 3 escons i la pugna interessant estaria entre CiU i PP per la segona posició, ja que pot implicar passar de 1 a 2 diputats, respectivament. Si la davallada de PSC és molt més gran, l’escenari més probable seria el 2-2-2 i, per tant, l’ordre dels partits seria irrellevant des del punt de vista dels escons. La quarta llista (teòricament ERC) té molt poques opcions de tenir representació en tots dos casos.

Girona

A Girona, com a Tarragona, els diputats a escollir també són 6. La diferència, però, és que ara el joc no està entre tres sinó entre quatre llistes, atès que es tracta de la circumscripció on ERC i PP tenen més i menys presència percentual, respectivament. Ara bé, tot i que a priori pot semblar que la pugna estaria entre aquests dos partits, la cosa no seria així. Els dos escenaris més probables serien un 3-2-1 o un 2-2-1-1. El fet que es produeixi un o l’altre dependrà sobretot de la diferència percentual entre la primera i la quarta llista.

Si considerem que la tercera posició està força assegurada per al PP (cal recordar que a 2008 va estar a només un 1% d’aconseguir-la i les previsions són que millorarà els resultats), la quarta posició aniria, per tant, a ERC, i el seu escó dependria de la magnitud de la davallada de PSC. En cas de produir-se aquesta davallada significativa, es produiria un pugna entre PSC i CiU per la primera posició, però en el fons aquesta lluita només tindria repercussió en el nombre d’escons si ERC es quedés tant enrere que no aconseguís el seu diputat. Si es produís aquest cas, el beneficiat seria aquell que quedés en primera posició, encara que fos per un únic vot de diferència.

Hi hauria un tercer escenari possible, tot i que molt poc probable: l’any 2004 PSC i ERC, que havien quedat primer i tercer, pugnaven per l’últim escó del recompte (el tercer de PSC i el segon d’ERC). La lluita la va guanyar finalment ERC per molts pocs vots, donant un resultat d’empat a tres (2-2-2) entre PSC, CiU i ERC, tot i haver-hi força diferència percentual entre el primer i el tercer. Es podria tornar a repetir l’escenari però ara amb PP en el lloc d’ERC.

Barcelona

Barcelona és, per motius obvis, la circumscripció que més influeix en el resultat final de les eleccions a Catalunya. I, a més, també és la més difícil de pronosticar. S’escolliran un total de 31 escons per Barcelona, és a dir, gairebé el doble que la suma dels escons de Lleida, Tarragona i Girona junts.

En aquest context, és difícil preveure un escenari d’escons exacte, ja que les possibilitats són moltes i les indeterminacions en els resultats de cada partit, també.

  • ICV-EUiA: La majoria de sondejos indiquen que augmentarien lleugerament el resultat respecte el 2008. Tindrien gairebé assegurat el segon diputat (el 2008 es van quedar a només un 0,1% d’aconseguir-lo), però el tercer és força més complicat. El llindar està al voltant del 8% de vots (la xifra exacta dependrà de com estiguin repartits els altres escons)
  • ERC: Un dels dubtes d’aquestes eleccions, juntament amb PSC. A favor seu juguen la imatge de renovació i el fet que surtin en coalició amb altres forces. En contra juguen el record de les crisis internes i el fet que no es presentin amb SI. En principi es trobarien en la mateixa situació que ICV, amb un segon diputat bastant assegurat (amb un 5% ja el tindrien) però tenint molt difícil el tercer (haurien d’arribar al 8%). Es quedarien igual que a 2008 (en van obtenir 2)
  • PP: És el principal beneficiat de la davallada de PSC, juntament amb CiU. Tots els sondejos indiquen que pugen significativament. La qüestió és quant. Si ronden el 20% de vots obtindrien 7 escons (el 2008 van obtenir-ne 6). Si arriben al 25% podrien obtenir-ne 8. Si, a més, la davallada de PSC és molt gran, podrien aconseguir-ne algun més amb pocs vots més, degut al mètode D’Hondt. El sostre tèoric estaria en els 10 escons.
  • CiU: És l’altre gran beneficiat de la davallada de PSC, juntament amb PP. Es trobarien en una situació similar als populars. El fet que quedi més amunt o més avall, dependrà de quants votants rep dels altres dos. La forquilla seria igual que la del PP: entre 7 i 10 escons (a 2008 van obtenir-ne 6)
  • PSC: El gran dubte d’aquestes eleccions. Es dóna per fet que tindrà una davallada significativa, però la gran qüestió que tothom es pregunta és com de gran serà. Si és moderada es quedarien al voltant de 13 o 14 escons (a 2008 van obtenir-ne 16). Si és més gran, podrien reduir-se a 11, en benefici de CiU i/o PP. Per arribar a baixar fins els 10 diputats, hauria de perdre gairebé la meitat dels seus vots. Es pot contemplar aquest com a cas extrem.

Catalunya

Els resultats que he anat deduint són sempre sota la suposició que no hi haurà més sorpreses que les que ja estan incloses en les mateixes forquilles de marge d’error. Evidentment, ningú, ni les mateixes enquestes, no és capaç de precisar resultats futurs exactes ni preveure’n sorpreses o desviacions grans i, per tant, en el fons qualsevol resultat és possible. Però atenent-nos exclusivament a aquesta suposició, els resultats globals a tota Catalunya serien:

Lleida

Tarragona

Girona

Barcelona

TOTAL

PSC

1-2

2-3

2-3

10-14

15-21

CiU

1-2

1-2

2-3

7-10

11-17

PP

1

1-2

1

7-10

10-14

ERC

0-1

2

2-3

ICV

2-3

2-3

Així doncs, segons la taula, una victòria de CiU i/o un empat tècnic a tres com indiquen alguns sondejos és possible, però només en el cas que la davallada de PSC sigui històrica (perdre la meitat dels vots actuals a Barcelona) i que la matemàtica del repartiment d’escons per circumscripcions ajudés a la davallada.

L’altra gran incògnita, la batalla pel segon lloc, sí que sembla estar més oberta, però no hem d’oblidar que el creixement tant de PP com de CiU s’alimentaria de la davallada de PSC i, per tant, és molt probable que o tots dos pugin poc o tots dos pugin molt, però més difícil seria que només un dels dos pugés. Atès que els escons de Lleida, Girona i Tarragona ajuden a CiU (2-3 escons), per tal de que el PP passés al capdavant, necessitaria compensar aquest mateix avantatge a Barcelona.

Bilingüisme polític

Escric aquest post en castellà i en català per tal de que circuli i s’entengui. Si algú s’ofereix a fer-ne la traducció a un altre idioma, l’acceptaré encantat.

Escribo este post en castellano y catalán para que circule y se entienda. Si alguien se ofrece a traducirlo a otro idioma, lo aceptaré encantado.

 

Español

Ya han pasado varios días desde el “ultimátum” del TSJC respecto a la inmersión lingüística. Se han oído voces aplaudiéndolo y celebrando el posible fin de lo que califican como la “politización” del sistema educativo. Y es entonces cuando yo me pregunto si para eliminar esa supuesta “politización” no sería más lógico y práctico empezar por pedir al propio TSJC que rectifique y retire el auto, por estar precisamente este totalmente politizado.

Y es que es obvio para todos (excepto para los que no quieren verlo) que la inmersión lingüística SÍ funciona y SÍ es justa, por mucho que se empeñen algunos en insistir que no.

Soy bilingüe de nacimiento (padre catalán y madre andaluza) y he crecido en un barrio donde de forma muy mayoritaria alguno o ambos padres son nacidos fuera de CAT. En este contexto (que no es poco común, sino bastante típico de muchas zonas) el castellano ha estado y sigue estando totalmente en superioridad desde el punto de vista social, hasta el punto de haber reducido al catalán precisamente a la esfera institucional y, en concreto, al ámbito educativo. No emito ningún juicio de valores. Es totalmente lícito que cada uno utilice en su círculo social o familiar su lengua propia o la que le venga en gana. Yo he optado por usar ambas de forma indistinta. Tengo todo el derecho.

No obstante, los ciudadadanos sólo disponemos de dos vías para el correcto aprendizaje de un idioma: la vía social/familiar y la vía institucional/académica. Cuando una persona se mueve en el contexto que he indicado más arriba, el aprendizaje del catalán por la primera vía es muy complicado, por no decir imposible. Es por este motivo que si desaparece o se minimiza la segunda vía, desaparece toda posible solución.

El objetivo principal de la inmersión lingüística es claro: que al acabar la educación obligatoria TODO el alumnado (excepto los casos obvios de estudiantes recién llegados que no han tenido el tiempo suficiente) sepa expresarse correctamente en LAS DOS lenguas oficiales: español y catalán. En el caso del castellano, se ha demostrado que este objetivo se cumple satisfactoriamente (se han conseguido resultados superiores a otras zonas monolingües).

En el caso del catalán, pese a que se ha demostrado una mejora notable respecto a generaciones anteriores, aún se aprecian muchas deficiencias que sólo el tiempo y una optimización del sistema pueden mejorar. Y es que es preocupante el bajo nivel de catalán de mucha gente. No sé, a lo mejor soy un bicho raro, pero yo me preocuparía si tuviera problemas en hablar correctamente alguna de las dos lenguas. Y te puedo asegurar que NUNCA he tenido problemas con el castellano, pudiéndolo usar con todo el mundo sin problemas (incluso siendo profesor) y de forma correcta. Y es aquí donde entra el objetivo más profundo de la inmersión y el motivo por el cual es calificado positivamente por multitud de organizaciones y estamentos de distinta índole, incluyendo un informe positivo de la UE: su eficacia como herramienta de cohesión (y no de división, como insisten algunos) social.

Sin embargo, en el caso del catalán nos encontramos con una situación totalmente opuesta. Requiere un esfuerzo constante por mi parte. Pero también de las administraciones y entidades públicas, que deben velar, de forma continua y con sobreprotección si es necesario, por la normalidad y la corrección de la que, no olvidemos, es la lengua propia.

Es por eso que esta sentencia no sólo es una marcha atrás sino una puñalada en toda regla a la sociedad, a la cultura y al sentido común. Y, que no nos engañen, todo ello motivado principalmente por cuestiones políticas.

 

Català

Ja han passat alguns dies des de l’“ultimàtum” del TSJC respecte la immersió lingüística. S’han escoltat veus aplaudint-lo i celebrant el possible final del que qualifiquen com la “politització” del sistema educatiu. I és aleshores quan jo em pregunto si per eliminar aquesta suposada “politització” no seria més lògic i pràctic començar per demanar al mateix TSJC que rectifiqui i retiri la interlocutòria, per estar aquesta precisament polititzada.

I és que és obvi per a tothom (excepte per als que no ho volen veure) que la immersió lingüística SÍ funciona i SÍ és justa, per molt que s’entossudeixin en insistir que no.

Sóc bilingüe de naixement (pare català i mare andalusa) i he crescut en un barri on de forma molt majoritària algun o ambdós pares són nascuts fora de CAT. En aquest context (que no es poc comú, sinó més aviat típic de moltes zones) el castellà ha estat, i segueix estant, totalment en superioritat des del punt de vista social, fins el punt d’haver reduït el català a l’esfera institucional i, en concret, a l’àmbit educatiu. No emeto cap judici de valors. És totalment lícit que cadascú empri en el seu cercle social o familiar la seva llengua pròpia o la que vulgui. Jo he optat per fer servir totes dues indistintament. En tinc tot el dret.

Ara bé, els ciutadans només disposem de dues vies per al correcte aprenentatge d’un idioma: la via social/familiar i la via institucional/acadèmica. Quan una persona es mou en el context que he indicat més amunt, l’aprenentatge del català per la primera via és molt complicada, per no dir impossible. És per aquest motiu que si desapareix o es minimitza la segona via, desapareix tota possible solució.

L’objectiu principal de la immersió lingüística és clar: que a l’acabar l’educació obligatòria TOT l’alumnat (excepte els casos obvis d’estudiants nouvinguts que no han tingut el temps suficient) sàpiga expressar-se correctament en LES DUES llengües oficials: espanyol i català. En el cas del castellà, s’ha demostrat que aquest objectiu s’assoleix satisfactòriament (s’aconsegueixen resultats superiors a altres regions monolingües).

En el cas del català, és cert que s’ha demostrat una millora notable respecte a generacions anteriors, però encara amb moltes deficiències que només el temps i una optimització del sistema, dels recursos i dels mètodes poden millorar.  I és que és preocupant el nivell baix de català (ja no parlo de l’escrit, simplement el parlat) de molta gent. No ho sé, potser sóc un rara avis, però jo em preocuparia si tingués problemes en expressar-me correctament en alguna de les dues llengües. I et puc assegurar que MAI no he tingut problemes amb el castellà. L’he pogut emprar amb tothom sense problemes (fins i tot essent professor) i de forma correcta.

Tanmateix, en el cas del català em trobo en una situació totalment oposada. Requereix una atenció constant per part meva. Però també de les administracions i entitats públiques, que han de vetllar, de forma contínua i amb sobreprotecció, si es necessari, per la normalitat i la correcció de la que, no ens n’oblidem, és la llengua pròpia.  I és aquí on entra l’objectiu més profund de la immersió i el motiu pel qual és qualificat positivament per multitud d’organitzacions i estaments de caràcters i origens ben diferents, inclòs un informe positiu de la UE: la seva eficàcia com a eina de cohesió (i no de divisió, com insisteixen alguns) social.

És per això que aquesta sentència no només és una marxa enrere sinó una punyalada en tota regla a la societat, a la cultura i, sobretot, al sentit comú. I, que no ens enganyin, tot això motivat principalment per qüestions polítiques.

Bipartidisme i futbol

Cada cop són més -i criden més fort- les veus que denuncien el barçamadridisme en què s’està convertint La Lliga de futbol. I no els falta raó -com a mínim en afirmar-ho- ja que tot just som a la primera jornada i ja tenim les respectives golejades de tots dos equips. Ara bé, que sigui bo o dolent ja és més discutible i opinable. I d’opinions n’hi ha per a tots els gustos i colors.

Lògicament, a mi com a culer, i a bona part dels seguidors de tots dos equips, segur que ens va bé el tema. Què més podem demanar? Reduir els possibles rivals a un de sol, i a sobre que aquest sigui l’enemic històric. I que te’l trobis fins a 7 vegades en un any! On hem de signar? I com que som majoria, carpeta tancada i a una altra cosa. Però d’aquest progressiu i imparable augment del barçamadridisme i, en conseqüència, dels interminables -i potser estèrils- debats a favor i en contra, se’n poden fer diversos paral·lelismes amb el món no futboler. Algunes molt exagerades i simplistes, ja ho sé.

Comencem per la socioeconòmica. És obvi que el futbol actual es mou per diners. Doncs, apa, ja ho tenim! Com deia la cançó “Money makes the world go around“. I, no són aquests dos els equips que generen la majoria dels ingressos econòmics? Doncs el sistema és així i s’ha acabat el debat. Això si ets liberal, clar. Perquè també podríem anar-nos a l’altra banda. Aquells que no veuen just aquest repartiment (perquè no ho és) i fan campanya per un repartiment més just basant-se en la premisa, en la que estic d’acord, de que el sistema no és perfecte i, per tant, no és del tot just.

I molts dels que criden ho fan amb tota la raó. Han intentat fer-ho el millor que han pogut i n’hi ha que fins i tot se n’han sortit prou bé amb una bona política de fitxatges i bon planter però s’han vist derrotats pel sistema cruel basat en el winner-takes-all. Però per desgràcia entre els que criden també n’hi ha que no han fet els deures, o els han fet malament, i no han sabut aprofitar les oportunitats que se’ls ha donat. I ara se sumen al cant comú per veure si poden sanejar en part els seus mals. El problema és que tots han de cridar forçosament a l’uníson (en cas contrari, no tindrien prou força) i, inevitablement, ser ficats en el mateix sac i tractats per iguals, en el bo i en el dolent. No sé a vosaltres, però a mi això em sona taaaaaaant al “món real”…

I ara l’analogia política. Què fan els al·ludits? Els dos grans equips autoerigits com a responsables de la grandesa d’aquesta Lliga, per ser els que aglutinen la majoria de seguidors i d’ingressos econòmics? Doncs posar-se d’acord en el que els convé a tots dos: mantenir, i si pot ser augmentar, els privilegis actuals. Tot en favor d’una alternança que, si ve proporciona a curt termini alegries per a un i penes per a l’altre, se’ls demostra com el més convenient a llarg termini. El temps els ha donat la raó. I què passa quan surten veus contràries? No cal que facin res, ja que en tenir la majoria i el poder, podran fer i desfer a la seva manera. Ostres, això també em sona a la vida real, no? Ah sí! És el que anomenem bipartidisme!

Però, en fi, suposo que en el fons tot això són paranoies i teories conspiratòries meves i res d’això que he dit és raonable. Si Barça i Madrid són on són potser és que han fet bé la seva feina, han llaurat un bon planter, han seguit una bona política de fitxatges, han sabut gestionar bé els recursos de què disposaven, econòmics i socials, etc… o no.

És cert que molts encara recordem no fa gaires anys que les lligues tenien emoció jornada rere jornada, ja que en qualsevol moment et podia venir el Tenerife o l’Hèrcules de torn i pispar-te una lliga. Però també és cert que ningú no em traurà aquests últims anys de bon futbol que ens han deixat, tot i haver hagut de pagar el peatge de les tanganes i culebrons de les últimes trobades.