Catalanes nazis

Podeu llegir aquest mateix article en català aquí.

Hace un tiempo leí que en España existen 202 leyes que obligan a etiquetar en castellano y con las que se pusieron un total de 114 multas (en el período 2009-2011), en comparación con las 0 multas por no etiquetar en catalán. Después de una larga deliberación, la conclusión me parecía obvia: los catalanes somos nazis.

Más tarde recordé el día en que tres diputados catalanes tuvieron la osadía de expresarse en su propio idioma en el Congreso de los Diputados y fueron expulsados por ello. Y es que resulta que el catalán, así como el resto de idiomas de España que no son el español, tiene VETADO su uso en las comparecencias en el Congreso, donde sólo se puede utilizar el castellano. Después lo comparé con el Parlament de Catalunya, donde no existe prohibición alguna en el mismo aspecto (ver reglamento) y donde, por tanto, los comparecientes pueden expresarse en cualquier lengua, sea o no oficial (en otras palabras, un diputado podría dar un discurso íntegramente en suajili si así lo quisiera, por ejemplo). Nuevamente la conclusión no podía ser otra: los catalanes somos nazis.

Un poco de investigación me permitió comprobar cuál era la actitud del gobierno catalán hacia una de sus lenguas autóctonas: el aranés (variante del occitano). Pues bien, en Catalunya se respeta y se lucha por la protección de esta última hasta el punto de hacerla oficial en TODO el territorio catalán. Esta actitud contrasta con la del Estado español, que no sólo ha vetado continuamente cualquier propuesta de oficialidad del catalán (y del euskera, gallego, etc.) en Europa (ejemplo 1ejemplo 2ejemplo 3), sino que también pone trabas a la promoción de dichos idiomas dentro de su propio territorio, incluso allí donde es autóctono (ejemplo 1ejemplo 2ejemplo 3ejemplo 4ejemplo 5). Por supuesto, la conclusión sólo puede ser una: los catalanes somos nazis.

Ayer me enteré de que el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes español pondrá a disposición de los usuarios de las bibliotecas públicas 200.000 licencias de libros electrónicos. Comprobé con estupor que absolutamente TODAS estas licencias serán para libros en castellano y ni una sola será en catalán o cualquier otra de las lenguas de España. De nuevo, me fue inevitable comparar esta actitud del gobierno español con la de los principales partidos políticos catalanes han expresado públicamente su apuesta por el respeto y aceptación de la realidad multilingüe de la sociedad catalana (en la que se hablan más de un centenar de lenguas diferentes) como parte de su riqueza cultural. Buena prueba de ello es que dirigentes de los partidos favorables a la independencia de Catalunya también están defendiendo la oficialidad del español en un hipotético estado independiente (ejemplo 1ejemplo 2ejemplo 3), y no hace mucho la Generalitat de Catalunya otorgó el Premi Nacional de Cultura a Eduardo Mendoza, escritor y traductor en lengua castellana. De nuevo la conclusión no podía estar más clara: los catalanes somos nazis.

Veo también que en estos últimos meses, una clara mayoría de diputados del Parlament partidarios del derecho a decidir están trabajando por la realización de una consulta que permita determinar si los catalanes desean o no realmente la independencia. No hay que olvidar que esta consulta o referendo incluye también la opción del NO a la independencia, por lo que estos diputados aceptan implícita y democráticamente la posibilidad de dicho resultado. La mayoría de representantes españoles han expresado reiteradamente su oposición ya no sólo a la independencia sino a la propia consulta, hasta el punto de amenazar con prohibirla, imponiendo de facto una de sus opciones (el NO). Pero, por supuesto, terminé llegando a la misma conclusión: los catalanes somos nazis.

Después de un repaso a la hemeroteca, encontré varias noticias de declaraciones de personalidades, catalanas y españolas, que en su momento causaron cierta polémica por expresar sus opiniones en un sentido u otro. Al revisar dichas noticias con la perspectiva del tiempo me di cuenta de hasta qué punto los malentendidos, la hipersensibilidad y, por desgracia, la falta de respeto (desde ambos lados) suelen ser el origen de dichas polémicas. Entonces me centré únicamente en las declaraciones y reacciones de los representantes políticos, judiciales, sindicales, etc., que a fin de cuentas son los que están al servicio de la sociedad y, por tanto, hablan en nombre de sus representados, lo quieran o no. Estos representantes están obligados, como es lógico y comprensible, a medir constantemente sus palabras. Fue entonces cuando me di cuenta de que la lista de personalidades, muchas de ellas con cargos oficiales, e instituciones que insultan o descalifican de forma abierta y descarada a los catalanes –descalificaciones que con mucha frecuencia incluyen a TODOS los catalanes, también a los NO independentistas- no para de crecer (ejemplo 1, ejemplo 2ejemplo 3ejemplo 4ejemplo 5). Pero la conclusión sigue siendo la misma: los catalanes somos nazis.

El gobierno español amenaza sutilmente (o a veces ni eso) con boicotear a una hipotética Catalunya independiente (ejemplo 1, ejemplo 2ejemplo 3), “olvidando” el hecho de que dicha amenaza va destinada, lo quieran o no, a 7 millones de sus actuales conciudadanos, incuyendo a una buena parte de ellos (así, por lo pronto, calculo que de algunos millones) que votarían NO a dicha independencia. Conclusión: los catalanes somos nazis.

Tras todos estos ejemplos no puedo más que rendirme a la evidencia y aceptarla: LOS CATALANES SOMOS NAZIS

Bilingüisme polític

Escric aquest post en castellà i en català per tal de que circuli i s’entengui. Si algú s’ofereix a fer-ne la traducció a un altre idioma, l’acceptaré encantat.

Escribo este post en castellano y catalán para que circule y se entienda. Si alguien se ofrece a traducirlo a otro idioma, lo aceptaré encantado.

 

Español

Ya han pasado varios días desde el “ultimátum” del TSJC respecto a la inmersión lingüística. Se han oído voces aplaudiéndolo y celebrando el posible fin de lo que califican como la “politización” del sistema educativo. Y es entonces cuando yo me pregunto si para eliminar esa supuesta “politización” no sería más lógico y práctico empezar por pedir al propio TSJC que rectifique y retire el auto, por estar precisamente este totalmente politizado.

Y es que es obvio para todos (excepto para los que no quieren verlo) que la inmersión lingüística SÍ funciona y SÍ es justa, por mucho que se empeñen algunos en insistir que no.

Soy bilingüe de nacimiento (padre catalán y madre andaluza) y he crecido en un barrio donde de forma muy mayoritaria alguno o ambos padres son nacidos fuera de CAT. En este contexto (que no es poco común, sino bastante típico de muchas zonas) el castellano ha estado y sigue estando totalmente en superioridad desde el punto de vista social, hasta el punto de haber reducido al catalán precisamente a la esfera institucional y, en concreto, al ámbito educativo. No emito ningún juicio de valores. Es totalmente lícito que cada uno utilice en su círculo social o familiar su lengua propia o la que le venga en gana. Yo he optado por usar ambas de forma indistinta. Tengo todo el derecho.

No obstante, los ciudadadanos sólo disponemos de dos vías para el correcto aprendizaje de un idioma: la vía social/familiar y la vía institucional/académica. Cuando una persona se mueve en el contexto que he indicado más arriba, el aprendizaje del catalán por la primera vía es muy complicado, por no decir imposible. Es por este motivo que si desaparece o se minimiza la segunda vía, desaparece toda posible solución.

El objetivo principal de la inmersión lingüística es claro: que al acabar la educación obligatoria TODO el alumnado (excepto los casos obvios de estudiantes recién llegados que no han tenido el tiempo suficiente) sepa expresarse correctamente en LAS DOS lenguas oficiales: español y catalán. En el caso del castellano, se ha demostrado que este objetivo se cumple satisfactoriamente (se han conseguido resultados superiores a otras zonas monolingües).

En el caso del catalán, pese a que se ha demostrado una mejora notable respecto a generaciones anteriores, aún se aprecian muchas deficiencias que sólo el tiempo y una optimización del sistema pueden mejorar. Y es que es preocupante el bajo nivel de catalán de mucha gente. No sé, a lo mejor soy un bicho raro, pero yo me preocuparía si tuviera problemas en hablar correctamente alguna de las dos lenguas. Y te puedo asegurar que NUNCA he tenido problemas con el castellano, pudiéndolo usar con todo el mundo sin problemas (incluso siendo profesor) y de forma correcta. Y es aquí donde entra el objetivo más profundo de la inmersión y el motivo por el cual es calificado positivamente por multitud de organizaciones y estamentos de distinta índole, incluyendo un informe positivo de la UE: su eficacia como herramienta de cohesión (y no de división, como insisten algunos) social.

Sin embargo, en el caso del catalán nos encontramos con una situación totalmente opuesta. Requiere un esfuerzo constante por mi parte. Pero también de las administraciones y entidades públicas, que deben velar, de forma continua y con sobreprotección si es necesario, por la normalidad y la corrección de la que, no olvidemos, es la lengua propia.

Es por eso que esta sentencia no sólo es una marcha atrás sino una puñalada en toda regla a la sociedad, a la cultura y al sentido común. Y, que no nos engañen, todo ello motivado principalmente por cuestiones políticas.

 

Català

Ja han passat alguns dies des de l’“ultimàtum” del TSJC respecte la immersió lingüística. S’han escoltat veus aplaudint-lo i celebrant el possible final del que qualifiquen com la “politització” del sistema educatiu. I és aleshores quan jo em pregunto si per eliminar aquesta suposada “politització” no seria més lògic i pràctic començar per demanar al mateix TSJC que rectifiqui i retiri la interlocutòria, per estar aquesta precisament polititzada.

I és que és obvi per a tothom (excepte per als que no ho volen veure) que la immersió lingüística SÍ funciona i SÍ és justa, per molt que s’entossudeixin en insistir que no.

Sóc bilingüe de naixement (pare català i mare andalusa) i he crescut en un barri on de forma molt majoritària algun o ambdós pares són nascuts fora de CAT. En aquest context (que no es poc comú, sinó més aviat típic de moltes zones) el castellà ha estat, i segueix estant, totalment en superioritat des del punt de vista social, fins el punt d’haver reduït el català a l’esfera institucional i, en concret, a l’àmbit educatiu. No emeto cap judici de valors. És totalment lícit que cadascú empri en el seu cercle social o familiar la seva llengua pròpia o la que vulgui. Jo he optat per fer servir totes dues indistintament. En tinc tot el dret.

Ara bé, els ciutadans només disposem de dues vies per al correcte aprenentatge d’un idioma: la via social/familiar i la via institucional/acadèmica. Quan una persona es mou en el context que he indicat més amunt, l’aprenentatge del català per la primera via és molt complicada, per no dir impossible. És per aquest motiu que si desapareix o es minimitza la segona via, desapareix tota possible solució.

L’objectiu principal de la immersió lingüística és clar: que a l’acabar l’educació obligatòria TOT l’alumnat (excepte els casos obvis d’estudiants nouvinguts que no han tingut el temps suficient) sàpiga expressar-se correctament en LES DUES llengües oficials: espanyol i català. En el cas del castellà, s’ha demostrat que aquest objectiu s’assoleix satisfactòriament (s’aconsegueixen resultats superiors a altres regions monolingües).

En el cas del català, és cert que s’ha demostrat una millora notable respecte a generacions anteriors, però encara amb moltes deficiències que només el temps i una optimització del sistema, dels recursos i dels mètodes poden millorar.  I és que és preocupant el nivell baix de català (ja no parlo de l’escrit, simplement el parlat) de molta gent. No ho sé, potser sóc un rara avis, però jo em preocuparia si tingués problemes en expressar-me correctament en alguna de les dues llengües. I et puc assegurar que MAI no he tingut problemes amb el castellà. L’he pogut emprar amb tothom sense problemes (fins i tot essent professor) i de forma correcta.

Tanmateix, en el cas del català em trobo en una situació totalment oposada. Requereix una atenció constant per part meva. Però també de les administracions i entitats públiques, que han de vetllar, de forma contínua i amb sobreprotecció, si es necessari, per la normalitat i la correcció de la que, no ens n’oblidem, és la llengua pròpia.  I és aquí on entra l’objectiu més profund de la immersió i el motiu pel qual és qualificat positivament per multitud d’organitzacions i estaments de caràcters i origens ben diferents, inclòs un informe positiu de la UE: la seva eficàcia com a eina de cohesió (i no de divisió, com insisteixen alguns) social.

És per això que aquesta sentència no només és una marxa enrere sinó una punyalada en tota regla a la societat, a la cultura i, sobretot, al sentit comú. I, que no ens enganyin, tot això motivat principalment per qüestions polítiques.